Cada vez,
que amanece el día,
suelo hablarle a la mar,
en el puerto,
y su ironía,
en el malecón pasear,
una baranda fría,
una gaviota a lo lejos,
sereno se acaba el día,
sereno se pasa el tiempo,
y la vista que encantada,
entre el ocaso y su mar,
hacia en el horizonte llevaba,
mi sencillo verso amar,
y esperando a tu llegada,
al ver tu risa armoniosa,
yo te esperaba,
mi pensamiento,
te abrazaba,
mi voz te susurraba,
y al estar juntos,
en el camino,
era el destino,
que nos ataba,
del malecón a la playa,
dibujamos en la arena,
miles de corazones,
voces de mil razones,
entre el verano que calla,
y era el muelle y su playa,
tu y yo en la arena,
se aferraban a la orilla,
una promesa escondida,
en el reír de la olas,
en el atardecer rendido,
ahora el faro prendido,
en su luz tu amor dormido...
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