Con sus toques,
con su canto,
con su arrullo matinal,
son sus manos un encanto,
como playa tropical,
y estremece su cabello,
con la brisa al pasar,
altanera, presuntuosa,
en su suave caminar,
no se inmuta ante mi ojos,
y su danza ha de llevar,
sus hermosos labios rojos,
que estremecen sin hablar,
solo la noche entregada,
no la quiere aprisionar,
en la fría madrugada,
su misterio ilusionar,
que entre estrellas,
miles sueños,
no ha dejado de colgar
y se abraza a un nombre
que a la distancia
ha de llamar
no es mi nombre,
es mi alma,
la que en su pensamiento,
ella misma,
quiere llevar.
